viernes, 27 de enero de 2017

El secreto de Delia y mamá

            Mamá todas las noches cuando se iba Narciso, el hermano mayor de Delia, lloraba. Mamá no sabía estar sola, se lo dijo a Delia alguna que otra vez. Necesitaba que la vigilaran, que la cuidaran, y nadie lo hacía. Delia sabía que mamá se portaba mal, que hacía cosas malas, pero no se lo decía a su hermano mayor para no ponerlo nervioso. A Delia le gustaba que Narciso pensara que mamá bebía menos y que era capaz de encargarse de cuidarla cuando no estaba él en casa. Odiaba cuando Narciso perdía la confianza en mamá, así que era mejor quedarse callada y guardar secretos.

            Mamá usaba mucho la palabra secretos con Delia y le había confesado alguna que otra vez que era su palabra especial. Era algo que compartía solo con mamá y con Narciso no. Con Narciso compartía cosas más divertidas que la hacían sentirse menos triste. Compartía las mañanas de escuela, los peinados de princesa que le hacía en el pelo y los dibujos que pintaba en clase. Delia muchas veces se había preguntado cómo su hermano, que no tenía el pelo tan largo como ella, era capaz de hacerle cosas tan bonitas en la cabeza. Tenía que tener mucho talento, por eso lo quería tanto. Narciso era especial y se merecía estar contento. 

            Mamá también era especial cuando no bebía de las botellas de cristal que guardaba en la despensa. Delia no entiendía cómo le gustaban. Muchas veces mamá le había dado de probar para compartir sus penas con ella y sabía horrible. Quemaba la garganta y olía raro. A Delia no le gustaba beber esas cosas; prefería el Cola Cao o la Coca Cola. El picor de la garganta de la Coca Cola era más divertido que el de aquellas botellas. A su hermano no le gustaba, tampoco, que bebiera Coca Cola; le dijo que cuando fuera más mayor podría beberla, que ahora era demasiado pequeña. Delia supo que si Narciso se enterara de que había bebido alguna vez de las botellas de mamá se enfadaría mucho. Aquel era otro secreto.

            Narciso pocas veces había visto a mamá bebiendo y Delia supo que pensaba que bebía poco y que cada vez estaba más limpia. ¿Limpia no era cuando alguien salía de la ducha? No terminaba de entender aquella palabra. También le dijo otras cosas a Delia, como que cuando mamá se rehabilitara él dejaría su trabajo y se pondría a estudiar. Narciso alguna vez lloraba porque decía que no tenía vida. Entonces era cuando Delia lo abrazaba y le regalaba un dibujo. 

            A veces se preguntaba cuándo iba a aprender el significado de todas las palabras que usaba su familia. Usaban muchas palabras que no entendía y Narciso muchas veces no se las sabía explicar o no quería hacerlo. Por eso Delia tenía un diccionario escondido debajo de su cama; no quería que supieran que ella investigaba palabras. También tenía muchos libros, pero aquello no era un secreto: Narciso o mamá se los regalaban o los cogía ella misma de la biblioteca del colegio.

            Precisamente aquella mañana había sacado un libro para leer. Mamá estaba en la cocina y gritaba. Delia no necesitaba estar allí para saber que también lloraba; cuando mamá bebía de la botella lloraba. Solía pensar que aquella bebida hacía estar triste a las personas y que, por ello, mamá lloraba tanto. Le dijo muchas veces que lo dejara, que se chivaría a Narciso, pero entonces mamá lloraba más y Delia se sentía más triste. 

            Había veces que cuando mamá lloraba se enfadaba, también. No llegó nunca a pegarla, pero sí la insultaba y decía cosas feas de ella, de su hermano y papá. Delia la ignoraba; se ponía a pintar o hacía como que leía. Pero lo cierto era que cuando mamá estaba así no se podía concentrar. Aun así lo mejor era no hacerle caso y esperar que se le pasara. Además, mamá era prudente, y trataba de no estar así cuando Narciso llegara a casa. 

            Aquella tarde mamá se había pasado, y estaba insultando, y Delia no lo aguantaba. Así que salió fuera de casa. Cogió su libreta de dibujos y se sentó en el jardín. Sacó el lápiz naranja, su favorito, y empezó a bosquejar una tarde en la piscina con toda la familia unida; con Narciso y mamá llevándola a la zona honda, de mayores, con sus manguitos puestos. Esperaba que Narciso volviera pronto a casa.

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